CARTA OPINIÓN FAU 8 DE MARZO 2019

 

Un nuevo 8 de Marzo
POR UN FEMINISMO DE CLASE Y DE ABAJO

El 8 de Marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Es el día de la mujer que practica la resistencia, de la mujer que lucha contra el patrón y el Estado. Es un día de nuestra clase, de las de abajo. Su origen está históricamente ahí.
El 8 de marzo de 1857 las trabajadoras costureras y textiles de Nueva York se declararon en huelga. En la textil Cotton las trabajadoras fueron encerradas por el patrón para evitar que se unieran a la huelga, prendiendo este fuego a la fábrica con las compañeras dentro. ¡Un crimen de clase! Ese es el origen del 8 de Marzo.
Luego vendrán una serie de movilizaciones con el paso de los años reivindicando esa fecha y recordando a las trabajadoras asesinadas. En estas el papel de la militancia anarquista fue importante. Compañeras trabajadoras, que abrazaron el ideal libertario, organizaron sindicatos, actividades, conferencias sobre diversos temas atinentes a la mujer obrera. Todo ello en el marco de una perspectiva emancipadora de clase y de género. Pese a los roles dominantes determinados desde todos los mecanismos y dispositivos del arriba, se comprendía que la mujer tenía que incorporarse a la lucha igual que el hombre, estar en la primera línea de la pelea en la forja de un mundo más justo, igualitario y solidario.
Entre tantas compañeras, podemos destacar la intensa actividad militante y de protagonismo en distintas revoluciones a Emma Goldman y Louise Michel o Teresa Claramunt, Teresa Mañé y la generación de compañeras integrantes de Mujeres Libres en plena Revolución Española. Compañeras que sufrieron represiones, persecuciones, prisión, clandestinidad y algunas fueron fusiladas, pero siempre fieles a su compromiso con su clase y sus ideas. Mujeres anarquistas, clasistas, anticapitalistas, combativas y solidarias.
En el Río de la Plata están los ejemplos de militancia abnegada de Virginia Bolten, Juana Rouco Buela, María Collazo, solo por mencionar las más notables. Compañeras que organizaban sindicatos de trabajadoras, sostenían publicaciones de combate, daban charlas y conferencias e impulsaban la conquista y defensa de los derechos de la mujer, y que fueron perseguidas y expulsadas de la Argentina por la Ley de Residencia. Aquellas compañeras defendieron reivindicaciones puntuales como la postura a favor del aborto o la abolición de la prostitución, entre otras temáticas que hoy continúan vigentes pero que se presentan a nivel masivo como novedosas, y que estas militantes anarquistas han trabajado hace más de un siglo.
Ya a mediados de la década de 1880, publicaciones anarquistas en nuestro país hablaban acerca del papel de la mujer en la lucha contra el sistema capitalista y por la construcción de una nueva sociedad. Veamos qué dice en 1884 el periódico La Lucha Obrera: “La nueva sociedad se edificará lentamente… y si las mujeres se abstienen de tomar parte en los nuevos arreglos, los hombres no le ofrecen ciertamente el mejor sitio. Es necesario que la mujer pueda poner con el hombre las bases de la sociedad del porvenir”.
Tenemos presente que nos encontramos en una etapa distinta del capitalismo que, pese a mantener su núcleo duro intacto, son muchos los cambios operados. Muchas también las luchas y resistencias de los y las de abajo en todo este periodo, en el que el feminismo ha dado pasos de cierta importancia logrando distintas reivindicaciones y poniendo al descubierto entramados de opresión y discriminación que estaban invisibilizados y hasta naturalizados.
Teniendo todo ello muy en cuenta, en términos de contenido fundamental, los y las anarquistas de FAU ubicamos nuestra concepción del feminismo en esta larga tradición del Anarquismo, donde un conjunto importante de compañeras militantes realizaron valiosos aportes, organizaron pueblo y se jugaron la vida luchando.

La nueva “Marea” feminista

En gran parte como fruto de una larga pelea, en estos últimos años ha crecido la movilización feminista y también la problemática de la mujer en el seno de la sociedad. Se ha reivindicado con énfasis el rol de la mujer y se han puesto en evidencia una serie de opresiones que sufre en el seno de esta sociedad patriarcal y capitalista. Entre otras, se denuncia la violencia de género y los femicidios. Todo ello ha ganado un espacio social importante. Se han hecho visibles ciertas opresiones que siempre se escondían detrás de otras y que son muestra de la brutalidad con que el sistema capitalista opera día a día en la vida cotidiana de la gente, y de cómo ha producido roles con miras a su reproducción permanente. Así, ha hecho frente a las ideas conservadoras que se quieren introducir desde algunos sectores sociales y políticos.
Entendemos que toda esta movilización social, sin soslayar lo que tiene de específico, hay que articularla con otras luchas, y sobre todo, con otros posicionamientos que nos interpelan también, fundamentalmente el de clases oprimidas. Allí es donde reside para este movimiento su potencialidad del carácter rupturista. Esto también vale para gran parte de las movilizaciones por reclamos inmediatos, por ejemplo, a favor de la legalización del aborto en Argentina y en el Ele Nao en Brasil contra Bolsonaro y el machismo de corte fascistoide que naturaliza con su prédica y políticas. Asimismo con esa articulación se fortalecen otras movilizaciones y peleas de los y las de abajo en otros campos específicos.

Una política para lavar y confundir

En fechas recientes, el propio sistema capitalista tuvo la necesidad de intentar hacer un fuerte lavado ideológico respecto a la memoria histórica e identidad de los y las de abajo, especialmente ante el resurgir del movimiento de mujeres con la fuerza de estos últimos años. En ello se percibe una sostenida e intensa campaña de quitarle connotación de clase a la conmemoración del 8 de Marzo, del mismo modo en que ya desde hace un buen tiempo, por diferentes vías, se le ha quitado todo el contenido posible por al 1º de Mayo.
Hoy, en este caso específico, procuran que en general se conmemore el día de la mujer mostrando como iguales a las burguesas y a las trabajadoras, igualando a mujeres millonarias que viven en Carrasco con mujeres de los sectores populares.
Ello se manifiesta claramente y con total desparpajo cuando vemos como figuras mediáticas del 8 de Marzo personajes como Beatriz Argimón o Glenda Rondán; o con la participación en la marcha de mujeres integrantes de los “sindicatos” policiales o las empresarias. Para nosotros no es lo mismo una obrera de la aguja que Beatriz Argimón, una docente que María Julia Muñoz, que, entre otras cosas, aplicó la esencialidad contra las docentes en huelga en el año 2015. No es lo mismo una trabajadora o desocupada que una milica que reprime en los barrios a las hijas e hijos de las trabajadoras. Este es el día de la mujer de abajo, muchas veces sostén económico del hogar, que se encarga de la crianza de sus hijos e hijas, de las tareas de la casa, entre otras cosas, sin valorización de todo ese trabajo. Hay una cuestión de clase que marca una línea divisoria. No es el día de todas las mujeres, es el día de la mujer que marcha junto a los oprimidos con sus sueños de un mundo distinto y mejor. No es el día de mujeres como Angela Merkel, causante del desempleo y hambre del pueblo griego, o Hillary Clinton, responsable de la muerte de miles de niños y mujeres en Libia, o de Marine Le Pen, connotada fascista. Importa y mucho, dónde está ubicado en términos de clase cada grupo o movimiento en la estructura social. Importa mucho ver todo lo ideológico-cultural que pertenece al capitalismo patriarcal, que a través de sus relaciones y mecanismos de opresión trata de reproducir para seguir sembrando miseria, explotación, desigualdad extrema y dominación.

Independencia de clase en toda forma organizativa de los oprimidos

“Una concepción y una práctica de poder popular tiene su producción específica, tiene su propio universo. Tiene su propia producción. Para que juegue como fuerza transformadora, condicionante de coyunturas, produciendo avances desestructurantes hay una condición necesaria: debe mantener en todo momento su independencia. “Independencia de clase” se decía en otros momentos del desarrollo histórico, hoy diríamos, con ajuste al nuevo contexto: independencia de las clases oprimidas, vale decir, de todos los movimientos populares.
Ya es bien sabido, las mallas del poder dominante trituran, manipulan, moldean. Insertan en su seno, partidos, ideologías, movimientos, historias, los amasan y después los devuelven como buenos seguidores de lo viejo y reproductores de lo actual. El mecanismo se repite una y otra vez. Y se reiteran un montón inconmensurables de fuerzas girando en esa rueda loca. A estos dispositivos es a los que hay que dispararle con propuestas y acción de un contenido diferente. Con una coherencia que permita pisar firme. Pues de más está remarcar que la circulación al infinito de las mismas dinámicas y lógicas no puedan crear algo nuevo, sólo recrear lo existente, con mayor o menor fantasía.
Para hacer posible otras relaciones sociales, los hechos parecen indicar la necesidad de uso de otros materiales para esa nueva construcción. Otro enfoque, otra perspectiva, otra lógica, otras prácticas, otros mecanismos. Otro punto de partida. Nada original, es la nueva civilización que bosquejaron los viejos socialistas. Ese proceso debe descansar y desplegarse en una férrea independencia de las clases oprimidas. De un pueblo construyendo su destino al ritmo que las condiciones históricas habiliten. Los escollos, las relaciones, las propias alianzas tácitas y explícitas deben hacerse desde esa perspectiva de independencia. Como no puede ni debe aislarse, como debe estar en el medio del pueblo y los complejos y variables acontecimientos sociales ese factor adquiere una importancia de carácter estratégico de primer orden”. (Documento Wellington Gallarza y Malvina Tavares, Fau-Fag)

8 de marzo y feminismo hoy

Como en todo movimiento de esta dimensión hay diversidad de opiniones y corrientes de pensamiento. Lo mismo pasa con el movimiento obrero y sus organizaciones sindicales. No son pocos los que hablan de “feminismos” para designar esta variedad. Allí encontramos a los sectores más vinculados a la socialdemocracia europea y ONG’s, también a sectores decididamente liberales, hasta en algún caso liderado por alguna ultra millonaria, o a los organismos internacionales como la ONU opinando acerca de cuáles son los principales problemas de las mujeres. También están aquellas corrientes que colocan a la mujer como víctima y la victimizan aún más, tratándola como parte de la población a “la que hay que atender” con alguna política social, pero nunca como sujeto con voluntad propia, y asignándole un rol infamemente prefabricado. Por otra parte están aquellos grupos que ponen el acento principal en la violencia de género y toman esa triste e indignante realidad puntual y existente aislándola del contexto de descomposición social del sistema que lo produce. Por otra parte, un feminismo de clase y emancipador, que entiende que el cambio real y de fondo se va a construir en conjunto, entre los y las de abajo, entre mujeres y hombres del pueblo, sin exclusión de ningún tipo. Combatiendo el sistema que es padre del engendro histórico infame de todo un disciplinamiento y sus respectivos dispositivos para tratar de mantener esa cruel doble opresión que en determinado grado necesita para su mantenimiento como sistema.
Todos los oprimidos y las oprimidas para ese largo y difícil trayecto de pelea orientado al cambio profundo, para su labor de resistencia y construcción cotidiana, deben munirse de la estrategia correspondiente pues: “En la medida que aumenten las posibilidades de una práctica de la acción directa y de la democracia directa, pueden asumir responsablemente la defensa de sus intereses y adquirir, a su vez, la capacidad necesaria para fortalecer su posibilidad de decisión; madurando en la medida en que se hacen cargo de sus aciertos y sus errores asumiéndolos como propios y evitando subordinarse a planteos externos y ajenos que los colocan en situación subalterna.
Los métodos de acción directa deben englobar todos los ámbitos de quehacer social, político, ideológico, cultural, económico, etc. que constituyen la capilaridad y el conjunto de todo el cuerpo social”. (Documento Wellington Gallarza y Malvina Tavares, Fau-Fag).
Es este un día de clase, de compañeras y compañeros que tienen claro que mientras haya capitalismo habrá sociedad patriarcal, injusticias en todos los terrenos, desigualdad creciente y un puñado de dueños del poder y de la riqueza. Esto no significa posponer en nada la lucha cotidiana de la mujer por múltiples reivindicaciones de corto y mediano plazo.
Reivindicamos, entonces, a las mujeres resistentes integrantes de las clases populares: trabajadoras, desocupadas, amas de casa, estudiantes, presas, a todo el conjunto de mujeres que codo a codo con los hombres, forman parte del pueblo, de las clases oprimidas que no se resignan a vivir miserablemente y que luchan y sueñan por nuevas y justas relaciones sociales.
Y porque entendemos que la perspectiva es de Emancipación Social, es que creemos que debe potenciarse una visión clasista del feminismo, enraizada en las luchas populares, en clave de ruptura, camino hacia el Socialismo y la Libertad.
Esa es para nosotros la cuestión central: la emancipación es del pueblo en su conjunto, de todos los oprimidos y las oprimidas. Al decir de Bakunin no somos verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que nos rodean, hombres y mujeres, son verdaderamente libres. Siempre teniendo presente lo específico de esta fuerza social de mujeres, igualmente podemos decir que en lo de fondo es un tema de clase, más que de género, en este sentido bien puede parafrasearse aquello de Chomsky: la clase trasciende al género. La emancipación debe ser protagonizada por las clases oprimidas en su conjunto. Todos los logros que vayan realizando las fuerzas sociales con resistencia y lucha deben tener presente ese horizonte fundamental.
No es tarea sencilla pero no hay duda: “La complejidad que reviste un proceso de transformación exige un alto nivel de comprensión de los mecanismos sociales. Obliga a caminar con un proyecto finalista de tal ductilidad que pueda ser operativo en las más diversas circunstancias coyunturales. Plantearse y resolver problemas, planificar periodos de acción, estar atento a los cambios, estimar las fuerzas propias, las del enemigo y de amigos puntuales. Desarrollar una capacidad de análisis que permita visualizar acontecimientos para poder operar con mayor eficacia en ellos. Trabajar por un desarrollo técnico y político que permita la incidencia pertinente… asegurar la continuidad de la estrategia… Ubicar lo más precisamente posible al Estado como estructura política especial del enemigo de clase; toda su capacidad represiva, todas sus instituciones de “perversa fantasía”: elecciones, parlamentos, etc. Pero teniendo presente al mismo tiempo que el poder dominante no se encuentra solamente ahí, que corre por distintas arterias del cuerpo social”. (Documento Wellington Galarza y Malvina Tavares, Fau-Fag)

Resumiendo. El sistema capitalista quiere llevar el agua a su molino

Señalamos antes que en los últimos años las movilizaciones del 8 de Marzo han tomado una masividad inédita. Ello ocurre a lo largo y ancho del mundo. Esa lucha histórica bien lo merece, su contenido aún más. Pero también, una vez más debemos estar alerta ante las estrategias que intenta el enemigo de clase. Diversas instituciones del sistema capitalista, han promovido sútil y tramposamente un “feminismo integrado” al propio sistema. Pretenden, como ha ocurrido en los medios obreros clásicos, realizar su política de “conciliación de clase”. Hay fuerte incidencia de las corrientes liberales y de la socialdemocracia para tratar de domesticar a un movimiento con un potencial cuestionador y movilizador importante. En Uruguay es claro y este fenómeno ya tiene algunas décadas, el despliegue de varias ONG’s que con una política totalmente socialdemócrata, desarrollan una concepción de la mujer como “objeto” al que hay que atender o estudiar como decíamos más arriba. No está en su concepción organizar para luchar, menos aún el anticapitalismo. En todo caso, suman su voz a un planteo muy útil al sistema que es el de la “cuota” en cargos de gobierno, haciendo causa común con la clase política. Intentando llevar el feminismo a ese corral de ramas de la institucionalidad burguesa.
Claro está, para el sistema capitalista es útil un feminismo que no cuestione las bases estructurales de la sociedad, que solamente coloque la problemática en compartimentos puntuales. Al sistema no le interesa nada un feminismo que critique la incidencia de las estructuras sociales en las relaciones humanas. De cómo las clases sociales, toda la estructura de poder dominante, opera e influye en la problemática de género. Tratan de presentar tramposamente como motivos principales aquellos, que pese a tener su importancia puntual, son secundarios. Pero no siempre logran sus maquiavélicos propósitos, hay sectores que tienen presente cuales son unos y otros objetivos de la lucha.
Es así que debemos destacar en América Latina, las movilizaciones y coordinaciones de movimientos feministas cuyos planteos son de clase en Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, México etc. y donde esa lucha se articula con otras. Un saber que producto de sufrimientos y resistencias lo fue indicando: la lucha de las mujeres no puede ser una lucha aislada, se debilita y debilita la estructura de pelea de los oprimidos y las oprimidas de la que forma parte.
“ ´El sujeto también es una producción histórica´” nos avisan los estudiosos y por lo tanto hay que poner en funcionamiento prácticas de liberación que lo vayan produciendo y organizando. O fortalecer aquellas que ya están funcionando… Siendo así, otro sujeto histórico no vendrá de la nada, no aparecerá como por arte de magia, deberá ser el fruto de prácticas que internalicen otras cuestiones que chocan con lo dominante. La participación efectiva, la autogestión, la acción directa, la forma federal de funcionamiento realmente democrático, la solidaridad y apoyo mutuo, necesitan de mecanismos, organizaciones, prácticas regulares para su desarrollo. Y sólo si se produce en el pueblo podrá hacer realidad el cambio… necesita constantemente organización en el seno de su activa creación. La continuidad que necesita, para un despliegue que permita el cambio, requiere de una sostenida estrategia. Una estrategia coherente, para que no se desteja lo que en un momento dado se teje. Una estrategia que tenga en su interior un mundo distinto que va desplegando desde el seno de otro que le es antagónico”. (Documento Wellington Gallarza y Malvina Tavares, Fau-Fag)

Nuestra plena identificación con el 8 de marzo
Por un feminismo de clase y de abajo

Porque somos anticapitalistas. Porque creemos que el patriarcado está en la composición misma de la estructura capitalista. Porque queremos la igualdad social entre los seres humanos. Porque estamos convencidos que todo esto solo puede lograrse en una organización social totalmente distinta a la actual. Porque queremos que todas las fuerzas sociales converjan en la formación de un Pueblo Fuerte. Porque bregamos por un Frente de categorías sociales y clases oprimidas. Por todo ello impulsamos un feminismo clasista, de abajo, resistente. Lo entendemos en el seno de las luchas del pueblo, con inserción social y protagonismo de las compañeras, hombro con hombro con los compañeros. Deben ir juntas las luchas populares, nos debe cohesionar una ideología de unidad de los y las de abajo. Porque el camino final de emancipación es de socialismo y libertad para todas y todos.
En esa senda han militado numerosas compañeras libertarias a lo largo de la historia que siempre recordamos. Por esa senda pretendemos que se continúe construyendo el feminismo libertario de FAU.

Construyendo un pueblo Fuerte todos los días.
Por avanzar sin tregua hacia el Poder Popular
Por el socialismo y la libertad
¡Arriba las y los que luchan!

FEDERACIÓN ANARQUISTA URUGUAYA

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