CARTA OPINIÓN ESPECIAL BRASIL: AVANZA EL FASCISMO

  El proceso histórico reciente de Brasil deja a las claras muchas cosas, viejos debates que resucitaron sobre las vías posibles para los cambios, las esperanzas populares y emociones colectivas puestas en juego en el marco de las viejas herramientas del sistema. Ya sabíamos en nuestra América Latina de la trágica experiencia de «la vía pacífica al socialismo» de Allende y otros procesos que, desde el Estado y muchas veces a través de la vía electoral, intentaban algunas reformas de mayor o menor calado.

El neoliberalismo puro y duro de los ’90, abrió las puertas a cambios políticos en toda América Latina. Y Brasil fue un punto relevante en ese proceso, al asumir en 2003 LuizInácio Lula da Silva el gobierno. Lula que había nacido a la vida política a fines de los años ´70 y principio de los ´80, como dirigente sindical en la zona industrial del ABC Paulista, del potente sindicato metalúrgico, no representaba a su ala más combativa, pero sí era el máximo conductor de dicho sindicato, referente en numerosas huelgas y de la poderosa CUT (Central Única de Trabajadores), central sindical con un interesante componente de independencia de clase, ya que rompía con el tradicional «sindicalismo de Estado», heredado de la época populista de Getúlio Vargas.

El protagonismo popular fue determinante a la hora de lograr el fin de la dictadura militar en 1983. Imponentes movilizaciones obreras y del incipiente también Movimiento Sin Tierra (MST), generaron las condiciones para expulsar a los militares del gobierno y abrir un cierto período de «democratización», que iba a sintetizarse en la Constitución de 1988, donde se recogen una serie de derechos de los trabajadores y derechos sociales del conjunto de la población.  Una ardua lucha que tuvo resultados positivos en avances de derechos y que también generó una «nueva República», por decirlo de algún modo.

Justo en ese momento, toda esa energía y crecimiento a nivel popular y confluencia en la lucha de diversos sectores oprimidos, es canalizado por la conducción de la CUT y otros movimientos sociales hacia una salida electoral, creando el Partido de los Trabajadores (PT).

Pero la historia de Brasil a lo largo del siglo XX había sido prácticamente una historia de gobiernos oligárquicos y «cuartelazos». La Constitución de 1889 preveía que solamente votara el 3,5% de la población, y eso genera una serie de conflictos políticos y sociales de gran porte, entre otros la huelga general de 1917 con una importante participación e impulso de la militancia anarquista. Por otro lado, en la década de 1920, se producen alzamientos de ciertos sectores militares liderados por Luis Carlos Prestes, vinculado a la formación del Partido Comunista de Brasil, reclamando una mayor participación política de la población (ampliación de la ciudadanía) y ciertos derechos económicos y sociales. También lógicamente, este movimiento denota pujas de poder entre sectores del Ejército.

En 1930 se produce un nuevo golpe militar que coloca al frente de gobierno a Getúlio Vargas, respuesta a la crisis económica mundial de 1929, que golpeó con dureza a Brasil, pero también síntesis de la puja de la poder en el país. No solo triunfa un sector del Ejército, sino también la burguesía paulista, mineira y los latifundistas gaúchos, corriéndose el eje del poder a las clases dominantes de la región centro-sur del país. Getúlio Vargas reformó la Constitución, reprimió cualquier intento de movilización popular y dio otro golpe de Estado nuevamente en 1937, creando el «Estado Novo», a imitación del Estado fascista de Mussollini. Vargas gobernará hasta 1945, con el apoyo de Estados Unidos en un primer momento, luego sin él; en ese año un golpe de Estado militar depone a Vargas. Un régimen demasiado nacionalista era visto como un potencial peligro por EEUU, más aún si era un país con las potencialidades de desarrollo industrial que poseía -y posee- Brasil.

Pero Getúlio va a tener revancha por la vía electoral en 1951. Triunfa y es electo presidente, impulsa el modelo sustitutivo de importaciones y el desarrollo industrial de Brasil, acepta las inversiones extranjeras en la industria y en el desarrollo del aparato productivo. Por ejemplo, en este período es creada Petrobras. En el primer período de Vargas fue creada Vale do Rio Doce, empresa minera estatal. Un político de orientación fascista, pero que en el marco de la situación económica latinoamericana e internacional, impulsó un modelo de desarrollo industrial y de impulso de ciertos sectores burgueses.

En 1954 Getúlio Vargas se suicida y en su «carta testamento» señala como responsables de obstaculizar el desarrollo de Brasil -y de hecho de que se quitara la vida- a los grupos económicos y financieros internacionales aliados con grupos nacionales.

El último empujón «desarrollista» vino de la mano del gobierno de Juscelino Kubitschek junto a Janio Quadros y el gobierno de Joao Goulart entre 1961 y 1964. Pero los intentos de un «capitalismo serio», de un «Brasil desarrollado», nuevamente se estrellaron contra los grupos de poder y sus intereses. Los militares dan un golpe de Estado e instauran una durísima dictadura hasta 1983.

Ese proceso dictatorial es al que se pone fin con la movilización popular de inicios de los años ’80, y todo ese proceso va a ser canalizado por la vía electoral. El PT irá desmovilizando a las organizaciones populares hasta lograr su casi total domesticación, en aras de la victoria electoral de Lula.

El PT en el gobierno

Los períodos de Lula y Dilma trajeron medidas de asistencia económica como el Plan Bolsa Familia, que sacó 4 millones de personas del hambre en el Nordeste de Brasil. Pero fue colocado en el Banco Central de Brasil un hombre de las finanzas del Imperio: Henrique Meirelles. De este modo el gobierno de Lula daba una señal clara al establishment financiero y empresarial de que la política económica no iba a sufrir alteraciones, seguiría la línea diseñada por el anterior presidente, Fernando Henrique Cardoso.

Estos gobiernos también trajeron la Reforma Sindical, la cual permitió fragmentar a la CUT y crear pequeñas centrales sindicales financiadas con el Impuesto Sindical, o sea con financiamiento del Estado. Esto llevó a varios partidos políticos a romper varios sindicatos y formar sus propias centrales o «centralitas».

Estos gobiernos progresistas en Brasil incluyeron un posicionamiento más independiente en el área latinoamericana y frente a Estados Unidos, con el Mercosur, la Unasur y el BRICS mediante. Pero a lo interno también incluyó la continuación de asesinatos de militantes sin tierra y la «Ley Antiterrorista», criminalizando al movimiento popular; invasión militar en las favelas de Río de Janeiro de cara a las Olimpíadas y a reactivar zonas enteras de la ciudad para la especulación inmobiliaria. Incluyó gastos multimillonarios para dichas Olimpíadas y el Mundial de Fútbol 2014, mientras en salud, educación y vivienda se invertía muy poco y el precio del transporte público era demasiado alto.

Allí radicó el inicio de las movilizaciones populares de 2013; en marzo se inició en Porto Alegre un movimiento por la gratuidad del transporte público. No era algo nuevo; el Movimiento Pase Libre venía dando pelea desde hacía años en varias ciudades del país. Pero a partir de este momento, este movimiento se masificó, y por ejemplo en Porto Alegre diversos movimientos sociales se nuclean en el Bloque de Luchas y ocupan el Legislativo Estadual (la Junta Departamental), la cual es desocupada luego de un acuerdo con los vereadores (ediles) para que voten la rebaja del transporte. Toda una conquista del movimiento popular.

En junio el movimiento de lucha y protesta se masifica a lo largo y ancho del país, saliendo 1 millón de personas a las calles. Un movimiento iniciado por estudiantes y el Movimiento Pase Libre, pero al que se sumaron otros sectores sociales, tales como barrios y comunidades organizadas, en reclamo contra el despilfarro de dinero en la construcción de las obras para el Mundial de Fútbol y las Olimpíadas y la carencia de recursos para la sociedad. Tal es así, que Dilma Roussef tuvo que reconocer esa realidad y atender las demandas de los manifestantes, creando un fondo con las ganancias de la explotación petrolera para volcarlo en educación y salud.

Esas movilizaciones marcaron un fuerte descontento social; señalaban que importantes problemas sociales no estaban encarados y menos atendidos, que se había avanzado tibiamente en algunos, pero que no era suficiente, el pueblo exigía más avances y atender las urgentes necesidades sociales. Rompía los ojos que los gobiernos del PT estaban beneficiando a las empresas constructoras y a los exportadores, principalmente sojeros. Las movilizaciones cuestionaban el modelo de acumulación del período: monoproducción exportadora hacia China, aprovechando los altos precios de las materias primas, inversión extranjera directa con todas las garantías, alianza con la burguesía industrial paulista…

Y se destapó el escándalo de la corrupción llamado «Lava Jato», esquema de corrupción montada a través de Petrobras y otras empresas públicas, en una inmensa red de corrupción en la cual estaban implicados un sinnúmero de políticos de todos los partidos y una cantidad importante de empresarios. Se revivía el escándalo del Mensalao de 2005, en los primeros años del gobierno de Lula y que le costó la renuncia y condena judicial a José Dirceu, mano derecha del presidente y arquitecto de dicho esquema de corrupción.

Se destapaba nuevamente, y se volvía a confirmar, que la base de la gobernabilidad en el Brasil estaba en las coimas, en el dinero que el gobierno colocara en el bolsillo de los legisladores y lógicamente, las empresas privadas, verdaderas multinacionales brasileñas, hacían otro tanto. Dentro de valores capitalistas, sin ese esquema de corrupción ningún partido lograría gobernar en Brasil, ya que existe un copioso número de partidos políticos, muchos de ellos estaduales o regionales, y un sistema político liberal burgués totalmente inestable. Tengamos en cuenta lo reseñado más arriba: los períodos democráticos liberales en Brasil son excepcionales en su historia reciente.

Llega Dilma

        En 2011 asume Dilma Roussef con intenciones de continuar el legado lulista. Es reelecta para un segundo período entre 2015 y 2019 con escaso margen. Se hacía sentir el desgaste del gobierno y las críticas desde los sectores populares por todo lo que significaron los gastos del Mundial y otros eventos. El vicepresidente de Dilma Roussef era Michel Temer, del PMDB, partido creado por la dictadura militar y columna vertebral de todos los gobiernos desde 1983 en adelante.

Pero también apareció la gran prensa -la Red Globo- y la derecha, colocando en la agenda pública el tema de la corrupción. Aún no se hablaba del Lava Jato, pero seguramente desde el poder fáctico, real, sabían. Y se destapó esa olla. Apareció en escena el juez Sergio Moro, funcional a determinados intereses, pero presentándose como una especie de cruzado moralista contra la corrupción.

Mientras tanto, el Parlamento realizaba un juicio express contra Dilma Roussef, orquestado por los propios legisladores que luego se comprobó, eran parte fundamental del esquema de corrupción. Toda esta maniobra fue orquestada por el vicepresidente Michel Temer -el socio de Dilma y Lula en el gobierno- para asumir él mismo la Presidencia y colocar ahora sí en el centro de la acción política a tres sectores que se venían destacando en la política brasileña: los ruralistas, los evangélicos y el sector armamentista- militarista.

Dilma es desplazada por sus socios; el PT y los movimientos sociales no salen a la calle en contra de este golpe de Estado, que fue caracterizado como un «golpe blando». Y luego viene la prisión de Lula y toda la persecución directa al PT. Le siguen duros golpes a los de abajo, sobre todo la enorme quita de derechos sociales y laborales y el retroceso de décadas que esto significa, dejando por el camino un sin número de luchas sociales.

Cabe destacar que en las elecciones legislativas posteriores al «golpe blando», el PT mantuvo alianzas en varios Estados y ciudades con el PMDB, el partido de Temer.

Temer, Bolsonaro y los militares

        Temer se hacía como «el hombre fuerte» en esta nueva situación, pero eso le duró poco. El descrédito en que cayó su figura y su gobierno a medida que avanzaba la investigación del esquema de corrupción y las delaciones premiadas de los dueños y ejecutivos de la industria frigorífica JBS y de las medidas antipopulares que estaba tomando, dejaban un nuevo «vacío de poder» en las esferas de gobierno.

Ese «vacío», a nivel gubernamental y con cierta sintonía con la estructura de poder del momento, quieren llenarlo los militares, cuyo jefe del Ejército, el General Villas Boas plantea lisa y llanamente que las Fuerzas Armadas están prontas para «poner orden» en medio del caos político que reina en el país. Y es que el desplazamiento del PT del gobierno y la asunción de Temer han generado una inestabilidad política sin límites.

En este contexto cobra relevancia la figura de Jair Bolsonaro, un ex militar, diputado durante dos décadas, había pasado prácticamente desapercibido todo este tiempo, hasta el día del juicio político contra Dilma. Allí homenajeó al militar que torturó a Dilma Roussef durante la dictadura, se vanaglorió del golpe de Estado militar y desplegó una diatriba fascista. Diatriba que continuó y profundizó al lograr posicionarse como candidato presidencial, con un feroz discurso a favor de la dictadura y la tortura, en contra de las mujeres y de la comunidad LGTB, y en contra de la comunidad negra. Un verdadero nazi.  Cabe aclarar que en enero de este año se afilió al PSL (Partido Social Liberal), partido por el que se postuló a la Presidencia de la República, y éste es su noveno partido en su carrera política. Otro tanto puede decirse de otros candidatos, que tuvieron su «período de pases» en la previa a las elecciones.

¿Cómo es posible que este personaje llegue a ser el candidato más votado y seguramente sea el próximo presidente de Brasil? Todo lo que hemos reseñado ha incidido en ello. La inestabilidad política de Brasil, su escasa vida democrático- liberal, pero cumple un rol fundamental el legado del PT en el gobierno y el camino electoral elegido, que ha generado un gran «vacío político» de la izquierda y de una cultura de izquierda, que abre espacios a las ideologías más reaccionarias y fascistas, tal cual viene ocurriendo en Europa también.

No queremos eludirlo. Sabemos que queda para analizar todo un espectro de la ideología de importantes sectores del pueblo, especialmente de los y las de abajo, que parecen acusar aquí un grado muy alto de disciplinamiento, de control, de identificación con nociones y representaciones impuestas, producidas desde la estructura dominante. Que el descontento, la desesperanza, la bronca tienen una canalización que contiene su especificidad pero con puntos de contacto con lo que ocurre en otros lugares y que por momentos van hacia convocatorias demagógicas de derecha. Pero esto no son conjuntos ideológicos consolidados, y muchos de ellos tampoco de larga duración, están en un juego dinámico de subjetividades dentro de un complejo tejido de relaciones. Pero, sin duda, es todo un desafío y un llamado serio a analizar futuros procesos de producción subjetiva que debe necesariamente encarar cualquier línea de trabajo transformadora en el seno del pueblo. Nuevos dispositivos del sistema tienden a reforzar la inserción del sujeto en esta miserable estructura de dominación. Nos queda planteado como al mismo tiempo podemos ir reforzando la resistencia y junto a ella zonas de conciencia que contrarresten el referido disciplinamiento.

 

Límites del progresismo y los modelos desarrollistas

El Anarquismo históricamente ha planteado que por la vía del Estado y las elecciones no hay cambio posible. Que esas estructuras no permiten modificaciones de calado -y la mayoría de las veces ni siquiera pequeñas-, que más bien trituran a quien se mete en ellas, un verdadero corral de ramas que no permite escapatoria. La historia lo enseña con meridiana claridad. Incluso aquellos procesos que han osado tocar los intereses de las clases dominantes y el imperio han terminado derribados por feroces dictaduras y represiones (el caso de Allende en Chile, Arbenz en Guatemala, Bosch en República Dominicana, Omar Torrijos en Panamá, etc.).

La vía electoral es una vía muerta hacia los cambios. No se conduce a ningún cambio por ese camino, sino a girar en la noria del sistema, que de vez en cuando admite alguna pequeña modificación para mantener todo como está. El poder no está en juego por esta vía.

En estos días ha circulado la opinión de Frei Betto, que desde otra matriz ideológica realiza una interesante crítica al PT y a los gobiernos progresistas: descuidaron la formación ideológica de la población. Señala que esto ya ocurrió en la URSS y en Europa del Este. El descuido de las organizaciones populares y la movilización fueron letales para que se socavaran estos procesos y que no todo se arregla con «mejores condiciones de vida», que solamente fomentaron el consumismo en el marco de la sociedad existente. No hubo lógica transformadora ni crítica. Y señala: «Encauzamos una política buena pero cosmética, carente de raíz, sin fundamentos para su estabilidad». En ese marco, también es crítico de la Revolución Cubana y las falencias también generadas en la formación ideológica en ese proceso.

La disputa de subjetividad: ese es el gran asunto. Los gobiernos progresistas jugaron todas sus fichas a contentar a las poblaciones con un cierto nivel de vida -muy básico en verdad- y acceso al consumo. Incluso en Brasil se hablaba de una «nueva clase media», que no era más que los sectores populares pobres que lograron comprar un plasma y un celular último modelo.

Queda claro una vez más, que la vía electoral no es la indicada para lograr cambios sustantivos y tampoco para enfrentar el poder de las clases dominantes. El PT para llegar al gobierno tuvo que rebajar y lavar su programa y también transar con el poder económico de Brasil y del Imperio. Lo mismo hizo el FA aquí; recordemos a Tabaré Vázquez antes de las elecciones de 2004 yendo al FMI con Astori para presentarlo como ministro de Economía.

El período de los progresismos en América Latina ha demostrado claramente sus límites: no hay posibilidades de cambio por esa vía. Las clases dominantes latinoamericanas y el imperialismo norteamericano toleran cada vez menos cualquier tipo de sesgo de izquierda o popular, por más tibio y lavado que sea. Ya no toleran que se destinen unos pocos pesos para contener la miseria más atroz, ni el acceso de los sectores populares a un mínimo nivel de vida, no toleran medidas como la legalización del aborto, la igualdad de género, etc. Es el verdadero rostro de las clases dominantes, totalmente conservadoras y reaccionarias, ya fascistas, que apoyan cualquier salida autoritaria para mantener sus privilegios y profundizar en todos sus aspectos el sistema de dominación. Esto es el capitalismo puro y duro, es el sistema en su máxima expresión. Es el fascismo financiero, agrario e industrial. Es el modelo que pretende imponerse en América Latina y buena parte del mundo ahora.

La lucha popular es la única garantía de cambio

Pero el pueblo brasileño no ha estado quieto. Más allá del «quietismo» que ha impuesto la burocracia del PT y la CUT, y el constreñimiento de la lucha a exigir la liberación de Lula, las diversas organizaciones de base han estado movilizadas por cuestiones concretas, contra el ajuste y los recortes. Es cierto, el escenario ha estado dominado por la liberación de Lula, pero hay sectores del pueblo brasileño que vislumbran que nada se va a solucionar con Lula libre y candidato. Tampoco con otro candidato que sea su marioneta.

Se generó una importante movilización de rechazo a Bolsonaro protagonizada por el movimiento feminista. «Ele nao», esa campaña y consigna desenmascara lo más truculento de este fascista. Por aquí hay una vía para profundizar la lucha.

Reiteramos algo a lo que nos referimos más arriba. Lo realmente importante de analizar y tener en cuenta es cómo la misma porción de votantes que iban a votar por Lula si era candidato han votado por Bolsonaro. En gran porcentaje, son los mismos votantes. ¿Qué fenómeno ocurre allí que motiva a gente dispuesta a votar a un candidato de «izquierda» vote por igual a un fascista? Es tal el descrédito del sistema político brasileño que la gente está dispuesta a votar a un «hombre fuerte», «líder, «un salvador». No importa quién. El peso de la ideología, determinados dispositivos y los medios de comunicación -productores de nociones y opciones políticas- operando a todo trapo.Vemos cómo cambian y circulan elementos ideológicos con fluidez en determinadas condiciones. Tenemos que encontrar, realizar acciones para que circulen en nuestra dirección.

Por ello, la única garantía de poner freno a este avance fascista es la lucha popular organizada. Y ella misma es la única garantía de cambio. Todos los derechos sociales y laborales han sido conquistados con lucha. El avance de la Reforma Agraria ha sido con lucha y ocupación de tierras organizada por los movimientos campesinos. La historia del movimiento popular brasileño es muy rica en ese sentido.

No hay atajos, no hay salidas en los laberintos del sistema. La construcción de una verdadera alternativa popular radica en esos movimientos sociales que han venido resistiendo los embates de todos los gobiernos y se han abierto camino en la lucha: el movimiento obrero, estudiantil, campesino, el movimiento negro y sus comunidades quilombolas, el movimiento indígena… no será fácil ni rápido, pero el pueblo brasileño resistente va a encontrar su senda, va a construir ese Poder Popular, única garantía de avance de los de abajo y construcción de los cambios y una sociedad diferente.

En ese camino están nuestros compañeros de la Coordinación Anarquista Brasileña (CAB), que desarrollan una intensa actividad militante a lo largo y ancho del país y hacen una apuesta a fortalecer las organizaciones populares y un proceso de avance en las luchas.  Han sido protagonistas de variadas luchas en estos más de 20 años, y en este último período han animado la salida a la calle en contra de los recortes.

Vaya todo nuestro respaldo a nuestros compañeros de la CAB y a las organizaciones populares brasileñas que desde la resistencia buscan su camino con independencia de clase y solidaridad, desde abajo y con plena democracia y participación directa del pueblo.

¡ARRIBA LOS QUE LUCHAN!

POR LA CONSTRUCCIÓN DE PODER POPULAR

¡NO PASARÁN!

FEDERACIÓN ANARQUISTA URUGUAYA

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