Compañero Ronco, en el recuerdo siempre

¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad. Jorge L. Borges.

Momento de tristeza. Nos comunican que falleció el “Ronco” Velázquez. De inmediato se agrupan los recuerdos militantes. Ese sentimiento que llaman tristeza no los anula. Aflora aquella convicción y entusiasmo que lo llevó a pelear con fervor por una sociedad justa y solidaria.

Militó sindicalmente en el momento que trabajaba en el Hospital de Clínicas, ya era en ese entonces integrante de FAU. Pasó después a integrar la OPR 33. Cayó preso en el año 1972 y como tantos otros militantes fue brutalmente torturado. Lo rondaba esa amenaza de muerte de la que habla Borges. Después de una de las tantas brutales sesiones de tortura lo tiraron a un calabozo. En aquellos momentos de innombrable sufrimiento vio un elemento con que cortarse para poner fin a tal bestialidad que sin duda continuaría. Se cortó el cuello, tipo degüello, y perdió sangre en cantidades. Un médico que estaba también preso lo asistió y apretó su herida, poco después y con desprecio fue atendido por los “técnicos” serviciales a la dictadura. Se salvó arañando como dice el dicho criollo. Después estuvo en el penal de Libertad, aquel campo de concentración disimulado, durante muchos años. Salió con la amnistía de 1985.

Salú querido compañero Ronco, en el recuerdo siempre.

 

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